4.2 MOTIVACIÓN
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente. Coachenlinea
Para Hellin (2007) la motivación está constituida por todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo. En el contexto de clase el binomio profesor-alumnos tienen objetivos particulares al inicio de la clase. Es claro que el docente tiene un objetivo académico por cubrir para terminar la clase habiendo transmitido un cuerpo de conocimiento al alumno. Sin embargo, para el alumno al inicio de la clase, especialmente a temprana edad, es disfrutar el tiempo de clase lo más que pueda con o sin la participación del profesor. Cuando ambos coinciden en el mismo objetivo el aprendizaje se da en mejor forma.
En el caso del aprendizaje del inglés, evidentemente el profesor intenta desarrollar una motivación en los estudiantes que los mantenga en estado de activación mental por su clase. Si se logra por la habilidad propia y personal del profesor surge en los estudiantes la conducta que consiste en ir a buscar nuevo conocimiento dentro y fuera del aula. Además, la mantiene; es decir, cuanta más deseos se tenga por aprender algo, más directamente nos encaminaremos al satisfactor adecuado. Si tenemos ganas de aprender un idioma o cualquier otra cosa vamos a la fuente, en este caso el profesor y su clase. En resumen, la motivación nos dirige para satisfacer la necesidad de aprender.
A la motivación igualmente se le considera como el impulso que conduce a una persona a elegir y realizar una acción entre aquellas alternativas que se presentan en una determinada situación. Esto es muy importante en el aula de clase ya que existe infinidad de distractores y actividades divertidas en que pueden incurrir los estudiantes si no hay una alternativa mejor propuesta por el profesor. De hecho, la motivación está directamente relacionada con el impulso en una actividad grupal como lo es el aprendizaje de un idioma en un aula de clase. Este entorno que Vigotsky define como zona proximal pretende lograr la eficacia del esfuerzo colectivo orientado a internalizar conceptos y temas desarrollados en clase. A la vez se estimula al alumno en la búsqueda continua de mejores situaciones de aprendizaje dentro y fuera del salón con lo cual alcanzará un desarrollo de su personalidad, elemento crucial en esta época donde campea la despersonalización y por lo tanto donde la escuela debe servir para que nuestros estudiantes crezcan como personas positivas, capaces y seguras de sus habilidades y potencialidades.
Según Goleman (1997) se sabe que la amígdala alberga el circuito cerebral que respalda la motivación. Contiene el aprendizaje emocional que motiva a unos y a otros no y que predispone a unos a encontrar placer en unas cosas y a otros no. El repertorio de recuerdos, sentimientos y hábitos asociados a estas actividades, se halla almacenado en los bancos de memoria emocionales de la amígdala y en sus circuitos asociados. Esto implica que el aprendizaje de un cuerpo nuevo de conocimiento es determinado usualmente en la amígdala por el pasado almacenada en ella y que relaciona los estímulos actuales que se le presentan con situaciones similares vividas antes. La amígdala constituye una especie de retén de registro y control que debe atravesar cualquier cosa que nos interese, ya que prioriza nuestras actividades vitales. En la educación como en los demás campos de la vida humana, el “presente” debe ser aprobado por el “pasado”.
Los circuitos nerviosos de la motivación, el combustible que nos impulsa por la vida, están ligados a los lóbulos pre-frontales, el centro ejecutivo del cerebro que proporciona el contexto y la adecuación necesaria a los impulsos de la amígdala. La región prefrontal alberga una serie de neuronas inhibitorias que pueden vetar o adaptar los impulsos procedentes de la amígdala, instaurando los frenos o la cautela al circuito neurológico de la motivación. En esta forma, mientras que la amígdala nos impulsa a actuar, los lóbulos prefrontales tratan de determinar la conveniencia del acto.
Es en este momento en que los lóbulos prefrontales actúan sobre los impulsos provenientes de la amígdala que surge la atención. Los lóbulos prefrontales son el sustrato anatómico para las funciones ejecutivas. Para Norman (2000) Las funciones ejecutivas son aquellas que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un fin y comprenden la atención, planificación, secuenciación y reorientación sobre nuestros actos. Además los lóbulos frontales tienen importantes conexiones con el resto del cerebro. Así Goldberg, alumno y amigo de A.R. Luria, citado por Burgués (1997) usa la metáfora del director de orquesta; según la cual los lóbulos frontales son los encargados de tomar la información de todas las demás estructuras y coordinarlas para actuar de forma conjunta.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
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