miércoles, 26 de noviembre de 2008

4.3 ATENCIÓN
La atención es la aplicación de la mente a un objeto. Jaime Balmes

Flórez (2005) define la atención como el proceso mediante el cual los sistemas que nuestro cerebro posee para regular la atención, los objetos y acontecimientos externos (visuales, auditivos, etc.) inicialmente hacen un pedido a nuestra atención y hacen que nos orientemos hacia algo concreto y nos desentendamos (nos desenganchemos) de los demás estímulos; así estamos preparados para captar el mensaje que nos llega. En una segunda etapa, si el estímulo es interesante o vale la pena el gasto de tiempo y energía mantenemos la atención activa e involucramos todos los sentidos, dejándolos enganchados para tomar de la situación lo máximo posible. Nuestros intereses juegan un papel fundamental en la operatividad de nuestra atención.
Adicionalmente a este proceso Luria (1984) hizo alusión a los aspectos biológicos que la atención desencadena y que son desencadenados para llegar a mantener este estado. El se refiere a ellos como indicadores fisiológicos de la atención. Estos índices son un grupo completo de síntomas que reflejan un aumento general en el nivel del estado preparación o tono del organismo que acompañan a todo fenómeno de arousal. Ellos son cambios en la actividad cardiaca y respiratoria, vasoconstricción periférica, aparición del reflejo psicogalvánico, aparición del fenómeno de desincronización (decremento del ritmo electroencefalográfico alfa e incremento del beta) que se observan siempre que la atención es atraída por un estímulo o alguna otra forma de actividad, y la modificación de potenciales evocados cerebrales. En relación a esto último, los potenciales evocados cognitivos han resultado de gran utilidad ya que su análisis no sólo permite conocer los mecanismos íntimos de la atención sino además aquellos que conducen a través del tiempo y del desarrollo a la formación y consolidación de la atención. Esto quiere decir que el proceso de la atención desencadena profundos cambios en cuerpo y mente que permiten la fijación de aquello que se esta presentando en ese momento a los sentidos del alumno. Solo así podremos hablar de aprendizaje y recordación de lo aprendido. El ciclo completo que se inició con la motivación, continuó con la atención, pasó al aprendizaje y la formación del recuerdo futuro de lo aprendido, muy seguramente termina con la atracción del estudiante por el tema o aspecto estudiado y el ciclo empieza otra vez. Este es entonces el aprendizaje sostenible, el aprendiz que aprende a aprender que luego comienza a emprender y aplicar lo aprendido en su vida académica, laboral y a su crecimiento personal.
En la atención intervienen varias áreas y núcleos del cerebro. Unos están relacionados con las áreas responsables de recibir y, sobre todo, de integrar la información que nos llega por los sentidos. Otros están relacionados con la retención inmediata de la información y otros están encargados de rechazar y filtrar todo aquello que nos pueda distraer y cambiar el objeto de nuestra actual atención. La atención es un proceso complejo en el que, como mínimo, se pueden distinguir dos situaciones de acuerdo a Troncoso (2006):
a) Un objeto reclama o llama nuestra atenciónb) Nosotros prestamos, centramos y mantenemos nuestra atención sobre el objeto. En el primer caso, la atención es controlada desde el exterior por algo que la desencadena: es un control, por así decir, que va de abajo arriba, o de fuera hacia adentro. Mientras que en el segundo caso, el control lo ejercitamos nosotros desde dentro de nuestro cerebro; el control va de arriba abajo, o de dentro hacia fuera.
Aunque no hay una exactitud en cuanto a la precisa localización en el cerebro de estas funciones, parece ser que los códigos o representaciones que se activan en forma de percepciones, imágenes, ideas, sentimientos y acciones residen en la corteza cerebral, dentro de las columnas neuronales que la constituyen. Para ello, tiene que haber una activación de unas columnas que identifiquen el evento relacionado con la atención, y la desactivación de otras columnas; de esta manera, seguirá clara y conectada la actividad en aquellas columnas corticales que estén relacionadas con el evento, Flórez (2006).
Posiblemente sea el tálamo la región que realiza esta selección y deselección de unas u otras columnas corticales. Este se caracteriza por contar con circuitos que proyectan recíprocamente hacia prácticamente toda la corteza, formando bucles tálamo-corticales. A su vez la acción seleccionadora del tálamo es desencadenada por los impulsos que llegan desde el exterior, o bien el control ejecutivo presente en la corteza prefrontal y relacionado con los mecanismos de memoria a corto plazo.
Así, pues, para que haya atención se requiere la actividad precisa de muchas redes neuronales interconectadas mediante sus sinapsis y es preciso que los estímulos externos accedan bien al cerebro, y éste los procese adecuadamente en las áreas responsables de recibirlos y de integrarlos. Como acabamos de ver, estas áreas se encuentran distribuidas por diversas zonas de la corteza cerebral. Además, la información debe ser rápidamente retenida, evaluada y contrastada para decidir si vale la pena mantener esa atención. La atención mantenida por un largo tiempo seguramente conlleva a la elaboración de una impronta fuerte y bien definida en la memoria acerca del tema aprendido o a una experiencia de clase mucho más firme y por lo tanto más confiable de ser evocada.
No obstante hay autores que afirman que se puede llegar a la memoria sin tener que pasar por la atención, Anderson (2001). Este aspecto que está relacionado con el potencial inconsciente del cerebro para aprender de nuestro entorno es de gran interés igualmente ya que puede ser potencializado por las ondas alfa, efecto que trataremos en detalle más adelante.

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